¿QUÉ RÉGIMEN ECONÓMICO MATRIMONIAL ME CONVIENE SI SOY EMPRESARIO?

Los empresarios son personas físicas que ejercen una actividad profesional en nombre propio y que responden frente a terceros a través del llamado principio de responsabilidad patrimonial universal, esto es, con todos sus bienes presentes y futuros. Por ello, cuando el empresario va a contraer matrimonio es importante escoger bien el régimen económico que va a regir puesto que, de ello va a depender que el patrimonio conyugal responda o no de las deudas de la empresa.

Se ha de señalar que, salvo que los cónyuges otorguen capitulaciones matrimoniales, el régimen económico matrimonial se presume ganancial en todo el territorio nacional excepto en Aragón, Baleares y Cataluña, en donde en caso de que no se pacte por los cónyuges el régimen económico que regulará su matrimonio, se presume que será el de separación de bienes. Por su parte, en los territorios de Navarra y País Vasco, en defecto de pacto, se aplica la sociedad legal de conquistas y la comunicación foral de bienes respectivamente, que se asemejan a la sociedad de gananciales.

Así pues, a la hora de escoger el régimen económico matrimonial, es fundamental conocer cuáles son las peculiaridades de cada uno de ellos y de qué manera va a responder uno u otro frente a las posibles obligaciones que se contraigan derivadas de la actividad profesional que desarrollemos.

SOCIEDAD DE GANANCIALES PARA EL EMPRESARIO

Por una parte, mediante el régimen de sociedad de gananciales se hacen comunes a los cónyuges todos los bienes y ganancias adquiridos tras el matrimonio, de manera que, todos esos bienes comunes responden frente a los acreedores por las deudas contraídas incluso por uno solo de ellos.

SEPARACIÓN DE BIENES PARA EL EMPRESARIO

Por el contrario, mediante el régimen de separación de bienes se conforman dos patrimonios totalmente individualizados de manera que, los bienes y ganancias que cada uno de los cónyuges adquiera durante el matrimonio le pertenecen en exclusiva. Asimismo, las obligaciones a las que deba hacer frente uno de los cónyuges consecuencia de su actividad empresarial serán responsabilidad exclusiva del mismo, respondiendo únicamente con su patrimonio personal.

REGIMEN DE PARTICIPACIÓN PARA EL EMPRESARIO

Por último, en el régimen de participación, cada cónyuge conforma su propio patrimonio individualizado durante el matrimonio pero, al momento de la extinción del régimen matrimonial, los cónyuges podrán participar, si las hubiera, de las ganancias del patrimonio del otro cónyuge experimentadas durante el matrimonio. Al igual que ocurría en la separación de bienes, las deudas que tuviera la empresa de alguno de los cónyuges no podrán afectar al patrimonio del otro cónyuge, pues únicamente responde en exclusiva aquél que las haya contraído con su actividad profesional.

 

Es evidente que, el régimen económico matrimonial cuando uno de los cónyuges es empresario es fundamental de cara a las obligaciones que la empresa pueda tener en un futuro pues de ello va a depender que el empresario responda sólo con su patrimonio privativo, o que además, si éste no fuera suficiente, se extienda también al patrimonio de su cónyuge, esto es, al patrimonio ganancial. El más beneficioso es sin duda el régimen de separación de bienes, a fin de que el patrimonio del otro cónyuge no se vea afectado por las posibles crisis que pueda atravesar la empresa.

Por ello, es esencial buscar asesoramiento profesional acerca de los regímenes económicos que existen y conocer en profundidad las particularidades de cada uno de ellos a fin de tomar una decisión. Contacte con nosotros.

 

 

Estefanía Belchí Poveda

Abogada
Dpto. Jurídico
Aselec, Asesoría y Abogados.

¿Conoces las diferencias entre la separación y el divorcio?

Habitualmente, tendemos a confundir el concepto separación con el de divorcio, utilizando ambos términos con carácter indistinto y otorgándoles un significado similar. Sin embargo, la separación y el divorcio, a diferencia de lo que, a priori, puede parecer, tienen consecuencias jurídicas bien distintas. Vamos a analizarlas.

 

La separación es el cese o suspensión del matrimonio, es decir, el periodo en el que los cónyuges se encuentran separados pero el vínculo matrimonial aún persiste, esto es, no pueden volver a contraer matrimonio con otras personas. Con la separación, se produce la disolución de la sociedad de gananciales y se extinguen los derechos y obligaciones entre los cónyuges. Si bien, se permite su revocación. Es decir que, se contempla la posibilidad de reconciliación entre los cónyuges y que quede sin efecto la separación.

 

Por otra parte, el divorcio implica la disolución total del vínculo matrimonial, es decir, a efectos prácticos es como si el matrimonio nunca hubiera existido, de manera que, los cónyuges pueden volver a contraer matrimonio posteriormente. Al igual que pasa con la separación, con el divorcio también se produce la disolución de la sociedad de gananciales y la extinción de los derechos y obligaciones entre los cónyuges. Pero, al contrario de lo que ocurre con la separación, el divorcio es irrevocable, es decir, no contempla la posibilidad de reconciliación, debiendo volver a contraer matrimonio en ese caso.

Por tanto, como hemos visto, las consecuencias jurídicas de instar el proceso de separación o el de divorcio es distinto. A pesar de eso, el procedimiento judicial a seguir, así como las medidas que en cada uno de ellos se acuerdan, es el mismo.

 

Hasta el año 2005, en que entró en vigor la Ley del Divorcio, estos conceptos se encontraban íntimamente ligados pues, para conseguir la sentencia de divorcio, había de estar previamente separado judicialmente. Es decir, era necesario instar primeramente el procedimiento de separación y, pasado un año desde la Sentencia, instar el procedimiento de divorcio.

Sin embargo, con la Ley 15/2005, se eliminó este requisito pudiendo instar directamente el procedimiento de divorcio, una vez transcurridos tres meses desde la celebración del matrimonio, agilizando así los trámites para la disolución del vínculo matrimonial en los casos de ruptura de la pareja, es lo que se conoce como “divorcio express”.

 

En definitiva, la gran diferencia entre la separación y el divorcio radica principalmente en la disolución del vínculo del matrimonio o no, que se produce con el divorcio, pero no con la separación y que permite a los cónyuges a volver contraer matrimonio nuevamente.

Por todo ello, ante una situación de ruptura, lo mejor es asesorarse por un profesional que estudie el caso en concreto y pueda valorar las ventajas e inconvenientes de instar un procedimiento u otro adaptándolo a la situación personal de cada uno y que pueda determinar si, lo más beneficio es iniciar un procedimiento de separación o, por el contario, resulta más conveniente ejercitar la acción de divorcio.

 

En Aselec contamos con profesionales del derecho civil que le aconsejaran las medidas y acciones más convenientes en esta difícil situación de la vida. Contacte con nosotros, estaremos encantados de poder ayudarle.

 

 

Estefanía Belchí Poveda
Abogada

Dpto. Juridico
Aselec , Asesoría y Abogados

 

 

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